Cuando era pequeño, al igual que tú, había escuchado varías historias de terror que sólo quedaban en un recuerdo más de mi mente. Nunca pensaría que los sentimientos de angustia, miedo y escalofrío iban a invadir mi cuerpo en una experiencia que cambiaría mi creencia sobre el lado inexplicable de la vida.

El silbato al llamado de los jóvenes era algo muy característico de un grupo religioso al que pertenecía cuando tenía catorce años, y con el que viví una de las más extrañas historias de mi vida. Todo inició cuando este grupo juvenil decide hacer el campamento de fin de semestre en un lugar llamado “Peña de lobos”. Uno de los dirigentes,  había encontrado este lugar en internet al buscar un nuevo lugar para acampar. Si bien, ninguno de los integrantes del grupo conocía el lugar, teníamos el mapa para poder llegar a nuestro destino.

Sin explicación alguna, desde que partimos a ese enigmático viaje y tomamos el camión, una serie de cosas extrañas se comenzaron a suscitar. El conductor, que tampoco conocía el lugar, se perdió alrededor de unas seis horas cuando se suponía que llegaríamos en dos, con lo cual dio inicio una atmosfera de ansiedad y desesperación al no saber en dónde nos encontrábamos. Después de un largo camino, llegamos al lugar que era completamente un bosque al filo de la obscuridad y la lluvia.

Nos bajamos rápidamente y con el apoyo de todos comenzamos a bajar las cosas del campamento, entre la lluvia y la obscuridad del lugar, muchos nos dimos cuenta que pequeños símbolos hechos con ramas se encontraban colgados entre los árboles. Pero eso no fue todo, posteriormente, nos hospedamos en una cabaña que se encontraba a lo lejos, en la parte alta del bosque. Aún recuerdo que la cabaña tenía poca luz y olía a humedad, estaba rodeada de pequeñas ventanas a través de las cuales difícilmente se podía ver.

Un sentimiento de miedo y vulnerabilidad se comenzó a instalar en todos, la obscuridad de la noche, sumado a extraños sonidos que se alcanzaban escuchar en la cabaña  fueron el detonante para que el grupo de niños y adolescentes estuviéramos a la expectativa y sin poder dormir. La puerta principal se abrió repentinamente dos veces en la noche, lo que impidió que pudiéramos conciliar el sueño. El momento culmen, fue cuando encontramos en el interior de este lugar un cuarto que contenía una cama que en sus extremos tenía unas cadenas. No sabíamos a qué lugar habíamos llegado.

Los días siguientes, a pesar de que los dirigentes hacían todo lo posible para que no nos diéramos cuenta de los eventos extraños del lugar, empezamos a detectar que cosas del interior de la cabaña se habían perdido, la comida desaparecía y a la hora de cavar la tierra para una actividad, unos compañeros encontraron dos lápidas. Muchos se asustaron, nos preguntábamos qué tenían que estar haciendo este tipo de cosas en un bosque y por qué se escuchaban pisadas en la cabaña.

Un día por la noche, llegaron unas personas para hospedarse en la cabaña que se encontraba debajo de la nuestra. Los señores muy amablemente,  conversaron con nosotros por un momento y nos aseguraron que ellos estaban ahí porque investigaban al lugar ya que habían escuchado que cosas fuera de lo común pasaban y que era un lugar excitante por la historia que había detrás. En ese momento, nos dimos cuenta que no éramos los únicos que teníamos esa percepción sino que verdaderamente había algo detrás de este bosque, una historia que aún no sabíamos.

El último  día que estuvimos en Peña de Lobos, unos amigos y yo encontramos una casa pequeña de forma de hongo lo que se nos hizo muy peculiar ya que parecía que alguien vivía ahí. Al marcharnos tuvimos que caminar hasta la carretera para que el camión no se estancara entre los grandes árboles que había. En el recorrido, el dueño del lugar nos acompañó y hubo dos acontecimiento más, uno de mis compañeros llevaba la cruz del grupo que era parte de cada campamento y  en un tropiezo la cruz se cayó y se partió en dos, con lo cual, un silencio incómodo invadió a los que encontrábamos cerca por el simbolismo tan fuerte que tenía este pequeño incidente.

Por otro lado, el dueño de Peña de Lobos nos contó qué pasaba en ese lugar. El señor nos contó que desde que eran pequeños ellos veían a duendes, al principio sus padres no les creían pero conforme pasaba el tiempo ellos se acercaban más a ellos y de niños platicaban y jugaban. Según él, ellos nos tienen miedo a nosotros y por eso no se muestran fácilmente con la gente. También aseguró que acontecimientos paranormales e inexplicables se habían apoderado del lugar e investigadores y profesionales de este tema habían ido a indagar más sobre lo que pasaba. El dueño ya estaba acostumbrado a este tipo de eventos ya que eran parte de la historia de este lugar.

Nos subimos al camión sin querer saber más de Peña de Lobos, tan sólo queríamos estar lejos de este lugar y finalmente, llegar a nuestras casas. Pero no fue así, el conductor se  volvió a perder durante seis horas seguidas y volvimos a repetir lo mismo, sólo que en una parada el conductor en un momento de desesperación se bajo del camión y se marchó corriendo, todos nos quedamos anonadados con este hecho y fue tanta la desesperación que empezamos a rezar al no encontrar salida alguna a lo que estábamos viviendo. Uno de los dirigentes fue tras él y regresó, nunca supimos que pasó por la mente del conductor en ese momento, sólo guardamos silencio y esperábamos que todo saliera bien.

Llegamos a la parroquia después de muchas horas, muchos de nosotros vimos a nuestros padres y en ese momento nuestros ojos se llenaron de lágrimas. La coordinadora del grupo entregó a uno por uno con sus respetivos padres y después de todo se quebró en llanto, no podía creer todo lo que habíamos pasado en un fin de semana, todo se había vuelto un infierno.

Dos semanas más tarde, uno de nuestros compañeros vio en la televisión un documental de este bosque en donde mostraban fotos en las que, según  ellos, se proyectaba la imagen de un duende. Nunca más quisimos hablar de este suceso, muchos de nuestros familiares no nos creyeron, tan sólo las personas que lo vivimos en carne propia supimos lo que verdaderamente había pasado. No sé si la realidad supere la ficción pero Peña de Lobos sólo quedó en un recuerdo más y en un lazo emocional por parte de las personas que habíamos estado en este  inverosímil lugar.

Por: Rubén Vega Ojeda

Fotos: www.pdelobos.com

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