“Sucedían las cosas pero yo no sabía qué pasaba realmente. Al inicio era la sensación de miedo, de no saber que pasaba, de no saber si era real; un sueño o simplemente imaginación”.

El local se encuentra casi vacío. Frente una taza de café humeante, Judith no parece inmutarse ante los recuerdos. Contrastando con lo tranquilo del lugar, las memorias parecieran atropellar su mente; le cuesta ordenar sus ideas pero su mirada transmite calidez y paz. Entonces continúa contando su historia: “En mi caso el detonante pudo ser que estaba bajo muchas presiones en la escuela y en parte eso me impedía investigar a fondo lo que estaba pasando. Como casi no dormía, creía que era producto de mi imaginación. Es parte de tu vida pero no le das la importancia.”

El proceso
Es hasta que sale de la universidad que se pone a investigar el por qué: “Se da ahí la oportunidad de hacer Tai Chi. Empecé a manejar energía, a tener manifestaciones más claras porque subí mi frecuencia; dejó de ser imaginación. En el momento en que supe plenamente que era real, se volvió sorprendente”.

Sin embargo, dada la intensidad de lo que experimentaba, Judith tomó la decisión de cerrarse a lo estaba viviendo. Estuvo cerca de 10 años bloqueada. Entonces conoció maestros y personas que la guiaron de mejor manera en este ámbito y aunque el temor continuó, se abrió de nuevo a las experiencias.
“Mi primer guía llega como a los 33 años por situaciones causales. Él me dio los instrumentos y conocimiento para poder reconocer y sentir las cosas, así como el actuar ante ellas; me hizo saber la importancia de fortalecerme mentalmente para poder conocer acerca de esto y enfrentarlo. Actualmente no busco que pase. Cuando pasa, sólo pasa; si son negativas las trato de bloquear y sí, trato de dejar pasar las buenas.”

A pesar del bullicio alrededor, ella parece sentirse más cómoda con su relato. La confianza aparece en sus palabras y las confesiones se hacen más profundas:

Lo bonito y lo feo
“Lo bonito era inspirador, cautivante; se quedaba conmigo por mucho tiempo y me daba la paz que a veces necesitaba en momentos determinados. Varias veces, cuando practicaba Tai Chi, me hablaron al oído; yo volteaba y veía esferas de luz. Es difícil explicarlo, porque salían miles de luces en una sola esfera, similar a unas cien mil luciérnagas brillando al mismo tiempo. Las vi dos o tres veces”.

“En otra ocasión, mientras meditaba y que recién había tenido un problema, dentro de una de las peticiones que hice, fue que se manifestaran estas energías un poquito porque sentía cierto desamparo. Entonces, sentí un dedo frío que se ponía en mi frente; me dio mucha paz. Otro momento que recuerdo, fue cuando vi como una figura humana atravesaba un muro de la casa; no salió del otro lado, se quedó dentro. Entonces sentí que esos seres, si habitaban en la casa, nos cuidaban”.

Judith relata sus experiencias negativas con mucha tranquilidad. Su expresión por el contrario ha cambiado; se ha vuelto seria, preocupada.

“Era ver cosas horribles. Verlas y que no te puedas mover y nadie más pudiera verlas: despertar, sentir gritar, pero no emitir ningún ruido; me pasaba mucho. Alguna vez, en una visita a un convento en un pueblo cercano, me dio un ataque de miedo. Iba con una amiga y de repente sentí una angustia muy fuerte, no sabía que era. Conforme mi amiga se adentraba, yo me sentía cada vez peor. Le pedí que nos fuéramos y como ella conocía lo que yo percibía, lo aceptó. Por la noche no podía dormir porque veía cosas horribles y no pude dormir por tres días”.

¿Es esto un don?
“No es un don. Creo que todas las personas pueden hacerlo pero algunas tenemos más desarrolladas ciertas características o energía en niveles más altos de frecuencia. Estoy convencida de que hay otras dimensiones, otras energías, positivas o negativas, que tenemos acceso a ellas pero que tenemos que aprender y trabajar y llegar al por qué. Creo que mi razón de existir es porque siempre he sentido que hemos venido a ser algo mas a esta vida, no ser individualistas; siempre he sido rebelde, estas experiencias me han confirmado que somos una unidad como seres humanos y que lo que hago te afecta. Ser buena gente no es ser extraordinario. Buenos hay muchos. A lo mejor dios quiere santos. ¿Qué es la vida? ¿Nazco, crezco, me reproduzco y muero? Hay que aportar a la unidad que somos todos”.

La mirada de Judith irradia seguridad y confianza. La charla llega a su fin y quedan las fascinantes historias que ella compartió con un servidor. El día se hace viejo y quedan aun muchos relatos pendientes, pero eso ya será otra historia que contar.

Por: Marlon Andrade Montalvo.
Fotos: Oscar Hernández.

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